Estoy haciendo el regalo🎁 que le daré a mi sobrina en su fiesta de cumpleaños y me puede más el temor 😰que la satisfacción. Me inquieta que alguien piense que soy tan tacaña 🔒que prefiero hacer algo a comprarlo o, por qué no decirlo, que crean que no tengo dinero ni para eso. Es cierto que hace años empecé a hacer mis obsequios de Navidad a causa de una crisis económica que nos dejó en la ruina total y sin ninguna otra opción, pero ahora puedo elegir ✅, aunque el temor😰 y la vanidad 🌟a veces lo hacen por mí. Lo comento con mi marido y me dice que, piensen lo que piensen, yo ya he ganado por lo contenta que estoy mientras construyo el juego 😊. Tiene razón, así que sonrío y continuo la tarea.
Llega el momento de envolverlo y me doy cuenta de que no tengo suficiente papel de regalo 🧧. Me pasa por la mente el furoshiki, esa técnica milenaria japonesa de envolver que encontré en internet por casualidad, y de inmediato pienso que tengo la tela ideal: un ‘pañuelo de hacer fardos’. Otra vez la zozobra ataca 😨: ‘ni para envolver el regalo se ha gastado algo’, quizá dirán… Pero bueno, después de cuatro o cinco intentos el envoltorio ha quedado muy bien y lo dejo así.
Voy a la fiesta, soy la segunda en llegar y encima del sofá hay ya tres o cuatro regalos🎁🎁🎁🎁. Coloco el mío en un margen para que no sufra daño y pienso que, de poder volver atrás, iría a comprar papel para envolverlo, que tampoco hay que ser tan extremista con las cosas. Van llegando otros invitados y con ellos un suma y sigue de presentes cuya abundancia hace que mi pañuelo de hacer fardos 🔺parezca la bandera 🚩de una barquita ⛵ que se hunde ante el oleaje que la desestabiliza🌊🌊. Voy en su rescate y lo orillo aún más, por lo menos que no se rompa antes de abrirlo.
La niña empieza a abrir regalos y parece que le gusta romper el papel que los envuelve; de nuevo pienso que en mala hora se me ocurrió escoger tela😟. Y claro, tan esquinado está el mío que no es de los primeros ni de los de en medio en abrirse. Cada vez que veo uno palidezco un poco más🙈, y hasta se me ocurre que tal vez es mejor esconder el mío para que lo abra al día siguiente, pero aún no sé muy bien por qué lo descarto🤷🏽♂️.
Solo queda mi regalo y se lo acerco a la pequeña🔺, consciente de que en este caso necesita ayuda para abrirlo. Cuando se lo doy su canción favorita empieza a sonar🎵🎶. Ya hace un rato que hay música así que sigo, y con la voz alta y el corazón encogido😧 – qué reacción va a tener ante lo que le traigo, visto lo que ya ha visto – le digo que aún queda una cosita mientras empiezo a deshacer el lazo🎀. Pero su atención no está conmigo, sino con la canción y con el baile que hace al escucharla. Durante los tres minutos que dura la melodía pienso que quitar disimuladamente el regalo de en medio habría sido la mejor opción, y que ahora soy yo la que quiero que, si no el mar, la tierra me trague para no estar allí, en el medio, con la niña y el hatillo delante, sin saber dónde meterme mientras todo el grupo la jalea🕓😧🕔😨🕕😧. Al terminar la canción su madre me rescata recordándole que hay aún algo por abrir, lo hago por ella 🔺y durante unos cinco segundos lo mira antes de pasar a otra cosa.
Vuelvo a casa, me tiro en el sillón y, vencida🥴, exclamo que cómo se me pudo ocurrir hacer ese regalo. Mi marido acierta de nuevo al decir que fue ayer cuando gané, mientras lo hacía, que ya sabía lo que hoy podía pasar. Pero lo que pasa no es que sé de alguien que haya pensado esto o aquello sobre mi pobreza o racanería, sino que me siento un poco desencantada 😕y muy tonta🤪 al creer que podría enseñar algo sobre consumo sostenible de juguetes a la pequeña en su fiesta de cumpleaños🤦🏽♀️. Y, vanidad 🌟de vanidades🌟🌟, decepcionada de que nadie haya mencionado lo bien que me ha quedado el elefantito para el tiro con aros🐘.
He dormido y medio digerido el desengaño🤔. Pienso que la clave de todo está en que tal vez escogí una mala ocasión para un buen propósito. Si es así, puede que aun haya esperanza✨✨. Recuerdo que hace ya tiempo quería hacer una ‘fiesta de las estaciones’⛱☔☃🌼 para las peques de la familia y que tal vez ese podría ser un buen momento para empezar a utilizar el baúl de las ingenieras🔧🛠 – o sea, el de los juguetes que ellas, quien quiera apuntarse de los adultos y yo iremos creando a partir de reutilizar diferentes materiales-. He intentado organizarla antes y no lo he conseguido, así que dudo de si funcionará❔. Necesito animarme y pienso que S. Hessel tal vez tenga las palabras que consigan hacerlo en su librito ‘Comprometeos’, así que empiezo a buscarlo.
Aún no he conseguido encontrar los libros cuando escucho entrar un mensaje en mi teléfono 📳. Es un vídeo📽: 28 segundos en los que la niña juega con el regalo que le hice. Se me dibuja una sonrisa que no me cabe en la cara 😄😄y comparto mi alegría con sus padres por habérmelo enviado. Me responden diciendo que le gusta mucho. Se lo vuelvo a agradecer, alzo los ojos y pienso en lo majos que son, en que mi pequeño triunfo se debe a ellos💑. Respiro hondo y me sumerjo en el bálsamo de la inesperada victoria🙌🏽🙌🏽 mirando el vídeo tres o cuatro veces más📽📽📽 .
El poder de esta experiencia
Tomo conciencia de que…
- Tod@s tenemos fortalezas que nos ayudan a defendernos cuando las dudas, la inquietud o el pensar en el qué dirán atacan para impedir que hagamos lo que nos gusta o creemos que es correcto. A veces nos cuesta verlas o ponerles nombre, pero están ahí.
- Rectificar es de sabi@s, y si los errores se utilizan para hacerlo se convierten en trampolines al éxito y no en barreras para alcanzarlo.
Valoro…
- La importancia de contar con personas que nos apoyan o que nos ayudan a ver las cosas desde otra perspectiva.
- La diferencia que hace en nuestras vidas fijarnos, esforzarnos si hace falta en reconocer lo bueno que hacen otras personas por nosotros, ya sea que lo hagan de forma consciente o no.
Me inspiro en…
- Personas que, en circunstancias muy difíciles, decidieron hacer lo que creían correcto. Stéphane Hessel es una de ellas. Su librito ‘¡Comprometeos! (de unas 45 páginas excluyendo la introducción) se lee en un plis y revela cómo, entre el todo y la nada, hay un gran margen de actuación útil y significativa.
- Prácticas tradicionales sostenibles que desconocía hasta hace poco, como el furoshiki, y en mezclarlas con otras más propias – en este caso el pañuelo de hacer fardos –. Como mínimo pueden ayudar a salir del paso, pero también a mucho más – a aprender, divertirse, ¡crear!
- Tutoriales y ejemplos que hacen fácil crear juguetes en casa.
Continuo con…
- Ganas de hacer ‘La fiesta de las estaciones’, de empezar a utilizar el baúl de las ingenieras y de compartir, en una celebración hecha para la ocasión, que los juegos creados en casa contribuyen al bienestar personal, social y medioambiental.
