Vamos al funeral ⛪ de un amigo de mi marido que, como él, fue miembro de la resistencia contra el apartheid. Quizá por eso debe haber unas 600 personas entre dentro y fuera de la iglesia. Bueno, 599 y yo, la única persona blanca. Por experiencia sé que como poco serán tres horas de ceremonia dedicadas a celebrar la vida 🎆, que no llorar la muerte, de quien nos ha dejado. Deben pensar que algo más corto no le haría justicia. Festejan al amigo, al padre, al compañero con discursos y música, mucha música 🎶🎶 . No sé como describirla, se ha de escuchar. Es una gran verdad eso de que cuando se acaban las palabras empieza la música, pero como no la tengo voy a hacer lo que pueda para explicar lo que viví.
Alguien empieza con las primeras notas 🎶, a veces el coro oficial de la iglesia, otras alguien de la supuesta audiencia. Digo supuesta porque en verdad no hay oyentes, todos participan. Progresivamente se unen nuevas voces 🎵, todas a tono, todas afinadas 🎼, todas en el momento preciso ⌚. A la vez entran varias formas de percusión 🔔 🔔 y algunas personas se levantan para no diría yo bailar, sino acompañar la melodía con una respetuosa y alegre elegancia de movimientos. El poco espacio que queda como pasillo se llena así de celebración 🌈 ✨ ✨ y todo el lugar de una comunión de emociones que, como decía antes, solo la propia música podría trasmitir.
Yo estoy allí, maravillada, moviendo un poquitín la espalda al ritmo de la música, deseando haber podido grabarlo todo, y me viene a la cabeza cuando, hace ya años, le pedí a un primo de mi marido que canta como los ángeles si había alguna recopilación de himnos hecha por ellos 📖. Su respuesta fue una sonrisa confusa. Creo que no le encontró sentido a la pregunta porque cantar en la iglesia, y la manera en que lo hacen, es una parte de su día a día al que no se da la mayor importancia, mientras que para mi es algo extraordinario. Vuelvo de nuevo mi atención a la ceremonia, miro a mi alrededor y agradezco ser parte de una cotidianeidad que para mí es un privilegio 🌟 🌟 🌟 🌟 🌟
El poder de esta experiencia
Me doy cuenta de que…
- La cotidianeidad no es sinónimo de insignificancia. Que estemos acostumbradas a algo no convierte ese algo en irrelevante solo porque sea una constante en nuestras vidas.
Valoro…
- El privilegio de poder participar de formas culturales y de vida diversas, por cómo enriquecen mi vida, por cuánto me ayudan a ampliar perspectivas.
Me inspiro en…
- La música como forma de comunicación, de comunión entre personas, de unión de emociones que llenan la vida propia y celebran la de aquellas personas que nos han dejado.
Continuo con…
- El deseo de poder participar y no ser solo oyente de esos coros que escuché. Reconozco que, dadas mis nulas habilidades cantoriles, eso prácticamente supondría un atentado a la música y su propósito, pero bueno, tal vez sea suficiente con cantar bajito, muy bajito.
